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Sacha, el memorioso

La Isla de la Juventud es una tierra, para mí, maravillosa. Hay leyendas, personajes y tradiciones que cuelgan de su historia como gemas preciosas.

En mi mente pululan ahora una decena de nombres, invenciones y ritos. Algunos me acompañan desde mi infancia, otras son más recientes, resultado de 24 años en la Isla mas Jóven del mundo.

Me detengo en un fotograma de mi vida, cuando aún era estudiante primario en el seminternado Celia Sánchez Manduley, en la barriada de Micro 70. Recuerdo su biblioteca y a la bibliotecaria; blanco de mofas de mis compañeros de aula, debido a su estructura anatómica singular. Pero las travesuras y chistes de muchachos no dejaban ver la belleza de aquella señora, que trataba de sumergirnos en las historias de Tom Sawer, en las de  Kostia, y en los múltiples cuentos y libros que se esparcían por los estantes de aquel recinto.

Sin embargo, no quiero centrar mi ejercicio de recordación en  aquellas maldades,  sino en el perenne visitante que ocupaba siempre la esquina de la biblioteca.

Sacha es lo que pudiera llamarse un Savant.  Su nombre verdadero lo desconozco, y alrededor de su apellido se rumoran diversas versiones populares

Antes de Encarta o Wikipedia, ya los habitantes de la Isla de la Juventud poseían la suya, y era muy particular. Sacha puede recitar de memoria, la capital de todos los países del mundo y  su presidente de turno. Tiene una habilidad, como muy pocos humanos que conozco, para recordar los hechos históricos de Cuba y de otras partes del mundo; e incluso, algunos guardan números telefónicos y nombres en el trastocado espacio entre realidad y fantasía que posee  Sacha.     

El ingente acopio de conocimientos que posee en las galerías de su memoria, ha fabricado una hipótesis que recorre la Isla como pura verdad: muchos piensan que el origen de su desequilibrio es consecuencia de haber estado, durante años, imbuido entre los libros.

Pero hoy, Sacha no es el mismo de antes. Ahora se aproxima más a los orates comunes. Y como hiciera yo de niño, corre por las calles que lo vieron crecer jugando a la guerra. Quizás porque hasta ese  mundo de fantasías -en el que a veces quisiéramos vivir muchos- han penetrado los mensajes mediáticos sobre las conflagraciones y los desastres mundiales.

Hoy rememoro al eterno niño que es Sacha, al erudito empedernido; porque además de ser conocido por todos sus coterráneos y de llenar un pedacito de la niñez de varios pineros, ha sido mi paradigma de lector, al que quizás algún día pueda alcanzar. 

 

  

    

Viento en popa

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Hace unos días concluí un diplomado de cómo ser buen navegante. Pero no navegante de esos que andan en un bergantín, izan velas y cambian la ubicación de las mismas  según soplen los vientos del mar, para llegar al destino final.

Soy un navegante moderno, de ese gran océano al que algunos llaman Internet, Red de Redes o Ciberespacio. Para mí simplemente es el más profundo y extenso de los mares, donde cada navegante sale con su bote a explorar este mundo tan errático que a veces no sabemos a donde nos puede llevar.

Por mi parte he salido con un objetivo, aunque sin rumbo. Pretendo subir a mi bote, por ahora, a todo aquel que quiera conversar sobre la Isla de la Juventud, un territorio cubano desconocido por muchos en el mundo. Compartiré información con todo aquel que quiera conocer sobre mi Isla, anotaré en mi bitácora todas las historias que usted, futuro integrante de mi tripulación, quiera compartir conmigo.

Por ahora, izado velas y elevado anclas…       

 

                                                                            A donde me lleven los vientos.

 

 

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