Va entrando el ferry al puerto pinero. Su claxon a medida que se desliza por las aguas del río las Casas, anuncia a los escasos habitantes de la ínsula que trae a nuevos pasajeros.
En él viene Masaru Miyagi o Miyagusuku. Sus ojos rasgados, lo distinguen de los demás pasajeros.
En este año se cumple el siglo de la presencia japonesa en la Isla de la Juventud. Según registros llevados por la investigadora Nacy Oropesa, fue Masaru Miyagui el primer ciudadano de Japón en tocar suelo pinero.
A finales del XIX y hasta mediados del XX, parten hacia América de los puertos de Yokohama y de Kobe, numerosos hijos de la tierra del Sol Naciente.
Dejaban en casa… hijos, esposas y madres, a cambio de regresar en un par de inviernos con los bolsillos llenos. Pocos cumplieron la promesa, y lo hicieron al cabo de varias décadas.
Okinawa fue la región de Japón de donde más ciudadanos inmigraron hacia la Isla de la Juventud, antiguamente de Pinos.
Para ningún pinero es curioso encontrar entre sus coterráneos personas de facciones asiáticas con apellidos Iha- Sashida, Hanzawa-Uema; Tsuhako- Ooshiro; Minato-Tokunaga; Horiuchi; Niigata; Shimazu Miichirou; Harada Nakashima y muchos más.
Aquellos pioneros japoneses en la Isla de la Juventud, se asentaron, la mayoría, en los poblados de Júcaro y Ciro Redondo. Y aunque ninguno erigió una casa como las de su país de origen, la vida en el hogar era profundamente japonesa.
En nombre de la Paz
Transcurre el año 1941. En Europa se combate en todos los frentes contra los invasores nazis. El siete de diciembre los Estados Unidos reciben el golpe de Pearl Harbor, entran los americanos al conflicto.
Cuba en ese entonces, es un satélite de la nación norteña y al igual que su vecino le declara la guerra a los culpables del atentado, Japón.
Mientras tanto, transcurre apacible la vida en la colonia japonesa en suelo pinero. Familias procedentes de Hiroshima, Nagano, Fukuoka, Okinawa y de otras regiones japonesas, disponen la preparación del O-bon. Cada una, de manera discreta, iría al cementerio para rendir culto a sus ancestros y familiares fallecidos.
Fulgencio Batista ordena el inernamiento en el presidio modelo de todo aquel que se considere una amenaza para el país.
En 1943 entran los residentes japonenses en la Isla de la Juventud, en el quinto llamado de la penitenciaría. Entre los 74 hombres nipones internados se encontraban nueve nisei, que pagaban el precio de su ascendencia.
Hasta el fin de la guerra duró el injusto encarcelamiento de aquellas personas, cuyo único crimen era haber nacido en Japón.
Reconciliación
Cuba se reconcilió con la historia. Luego del triunfo revolucionario la comunidad japonesa pinera conforma cooperativas de producción agrícola. Conocimientos ancestrales sobre cultivo de la tierra trasmitidos por sus padres comienzan a ponerse en práctica en esta isla tropical.
Los melones de los Harada y los Hanzawas dejarían su sabor exquisito en el paladar de personas a lo largo y ancho de Cuba.
Se fundaría la Sociedad Japonesa, organización para rescatar la memoria de aquellos primeros emigrantes del lejano oriente que tocaron suelo pinero. El O furó, el O bon, los origamis, los bonsái y la comida tradicional japonesa vuelve comienza a fundirse entre el congrí, la Salsa, el Son, y las fiestas pineras.
Hoy, bajo las notas del shamizen y al ritmo del danzón bailan las tradiciones de una y otra nación.