Jesús Sifredo Raso, miembro de la Asociación Nacional de Sordos de Cuba (ANSOC) es uno de los más valiosos deportistas que posee la Isla de la Juventud, sus hazañas como atleta se inscriben con letras doradas en el deporte para discapacitados de nuestro país, pero padece cierto anonimato.
Hace unos años, cuando lo entrevisté, le inquirí por los orígenes de su carrera deportiva. Jesús recordaba: “Comencé a los 11 años de edad. Fue en la escuela Venancio Rives donde el profesor Orlay del Río, entrenador de atletismo, me dio mi primera preparación. Al principio le decían que yo no poseía cualidades porque mis cualidades físicas distaban mucho de las de un velocista”.
La constancia de entrenador y atleta convirtieron al joven en una promesa del atletismo.
A los once años Sifredo participó en su primera competición. Escasos fueron los resultados. Sin embargo, lo que para muchos hubiese sido cerrar las páginas de una carrera deportiva para él fue tan solo el inicio.
Años más tarde la ciudad héroe, Santiago de Cuba, se convierte en la sede de las competiciones nacionales para atletas discapacitados. Un muchacho, hasta entonces desconocido, gana las pruebas de los 100 y 200 metros planos, y obtiene un segundo escaño en el relevo 4x 100: era Jesús Sifredo Raso.
Aunque muchos lo desconocen, este pinero fue uno de los integrantes de la delegación cubana a los Juegos Olímpicos para Sordos, con sede en Bulgaria. Aún recuerdo sus señas indicándome la emoción de haber sido parte de aquella delegación, con la cual Cuba obtuvo el cuarto escaño por países. Durante años Sifredo Raso estuvo entre los cinco primeros corredores cubanos con discapacidad auditiva, fue recordista nacional y con la camiseta tricolor obtuvo el primer lugar en el relevo 4×100 de los II Juegos Panamericanos para Sordos.
Los lauros de este joven borraron el silencio de su mundo, y a pesar de ser un transeúnte más, es orgullo del deporte pinero.