
Carlos Ríos
Mucho se ha escrito por pineros y no habitantes de esta ínsula sobre las migraciones japonesas, jamaicanas y caymaneras. Pero, muy poco se sabe sobre la haitiana en estos lares.
Mi papá, hombre amante de los idiomas y de las culturas que han pasado y han sazonado nuestro ajiaco, conversaba con uno de los descendientes de hijos de la Española.
Fix como le llaman sus coterráneos charlaba en creolle con mi padre, quien lo alfabetizaba en francés.
La curiosidad, bichito que habita en todo periodista, me hizo inquirirle a Fix ¿por qué no se conocía tanto sobre la presencia haitiana en la Isla de la Juventud?
Vale menos que el carbón
A principios de la República neocolonial la sacarocracia cubana empezaba a fortalecerse. Siglos de esclavitud, y los ecos de las “barbaries” cometidas por los libertadores de la Isla de la Española contra sus amos blancos, provocaron en Cuba el conocido miedo al negro, devenido racismo, que aún hoy tiene atisbos. Fue así como en la neocolonia, no ser blanco era un problema para quien no pudo ser bendecido con ese color de piel.
Haiti, a pesar de ser el primer territorio libre de las colonias del “nuevo mundo”, no pudo alcanzar el desarrollo esperado.
Desde las épocas de la gloriosa revolución haitiana, comienzan a llegar al oriente cubano descendientes haitianos en compañía de sus amos, otros arribaron tardíamente, huyéndole a la pobreza y tratando de encontrar la fortuna en estas tierras.
Sin embargo, cuando llegaban a la isla vecina, la realidad era casi más cruel que la suya propia. El racismo era parte de la vida común cubana. Abrirse paso y encontrar trabajo era bien difícil para las personas de “color”, máxime si se era haitiano.
Historias de hechicerías, asesinatos y trabajo con los muertos tejieron la repulsión hacia los procedentes de Haití. Es así que para los cubanos ser haitiano era sinónimo de basura e incluso su valor era comparado con el precio de un saco de carbón.
Miedo a la sociedad
Fix me cuenta que “incontable fueron las familias hermanas que temieron a la sociedad. A que se supiera de dónde provenían. Esta es una de las razones por las cuales la migración haitiana se conoce muy poco.
“En mi familia no fue así. Tuvimos la suerte de que nuestra madre hablara con nosotros creolle. Ella nos enseño a cocinar, a sazonar, a bailar e incluso a tocar ritmos haitianos”.
No todos tuvieron esta suerte, sobre todo por ser estigmatizados como practicantes budúes.
“Pienso que esto fue una de las razones por las cuales hay pocos descendientes que dominan el creolle y los secretos de nuestras comidas. Además, varios de los patronímicos de muchos de los descendientes de haitianos que viven en Cuba y en la Isla de la Juventud se perdieron. No pocos de mis familiares tuvieron que cambiar sus apellidos franceses por el castellano, para poder obtener trabajo y no ser rechazados.
Hablé con Marta
La familia de Fix, fue una de las pocas que como el mismo menciona no tuvo miedo a la sociedad elitista y xenófoba cubana. Las profundas huellas dejadas por su abuela y su tío se traslucen al hablar el creolle, en sus conocimientos sobre las plantas medicinales y la cultura de ese país.
Fix recuerda aún su conversación con Martha Jean Cloude, amiga entrañable de Cuba.
“En una ocasión Martha se encontraba en nuestro país y tuve la oportunidad de conversar con ella. Una persona muy afable, culta, y sobre todo con deseos de ayudar a los descendientes de su tierra a formar una sociedad que nos aunara, para precisamente tratar de borrar ese silencio cultural al que estuvimos confinados durante décadas.
“A Martha le llamó la atención mi domino de su lengua materna. Me acuerdo que me preguntó: – « ¿Desde cuándo vives en Cuba?». Yo le respondí que desde que nací. Continuamos hablando sobre temas relacionados con la cultura de su tierra cuando volvió a inquirirme: -« ¿Cuándo fue que viniste de Haiti?»-
“Yo empecé a reírme porque ella pensaba que la estaba engañando.
Cuando terminamos de charlar me comentó que su duda era porque yo dominaba palabras que nativos de su nación desconocían o empleaban muy poco».
Para Martha Jean Cloude pudo haber sido esto una sorpresa, pero para los coterráneos de Fix no lo es, porque los paisanos de Jean Cloude vinieron a estos predios hace casi dos siglos y son una de las migraciones más añejas conocidas en Cuba. Sin embargo, en la Isla de la Juventud, aún esta historia está por contar.